On the Crown
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Original / primary: Spanish Gemini
1
En primer lugar, atenienses, ruego a todos los dioses y diosas que la misma benevolencia que yo mantengo constantemente hacia la ciudad y hacia todos vosotros, sea la que vosotros me mostréis en este juicio; y, en segundo lugar, que los dioses os inspiren a tomar la decisión que más convenga a vuestros intereses, a vuestra piedad y a vuestra reputación, y que no permitáis que mi adversario os dicte cómo debéis escucharme( pues eso sería, ciertamente, una infamia),
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sino que os atengáis a las leyes y al juramento en el que, además de todas las demás disposiciones de justicia, está escrito también esto: escuchar imparcialmente a ambas partes. Esto no significa solo no haber prejuzgado nada ni conceder una benevolencia igual, sino también permitir que cada uno de los litigantes utilice el orden y la defensa que haya querido y elegido.
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Pues bien, son muchas las desventajas que tengo en este juicio frente a Esquines, pero hay dos, atenienses, que son importantes: la primera, que no luchamos en igualdad de condiciones; pues no es igual para mí perder vuestra benevolencia que para él no ganar el proceso; en cuanto a mí— no quiero decir nada desagradable al comenzar mi discurso—, él me acusa desde una posición de ventaja. La segunda es algo que es natural en todos los hombres: escuchar con agrado las invectivas y las acusaciones, pero molestarse con quienes se alaban a sí mismos;
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así pues, lo que resulta grato se le ha concedido a él, y lo que, por así decirlo, molesta a todos, me queda a mí. Y si, por evitar esto, no hablo de mis actos, parecerá que no tengo cómo refutar las acusaciones ni cómo demostrar los méritos por los que pido ser honrado; pero si me refiero a lo que he hecho y a mi gestión política, me veré obligado a hablar de mí mismo con frecuencia. Intentaré, pues, hacerlo con la mayor moderación posible; pero de lo que el asunto mismo me obligue a decir, el responsable es él, que ha entablado un juicio de esta naturaleza.
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Creo, atenienses, que todos estaréis de acuerdo en que este juicio es común para Ctesifonte y para mí, y que no merece menos atención por mi parte; pues verse privado de todo es doloroso y difícil, sobre todo si le sucede a uno por causa de un enemigo, pero lo es más aún verse privado de vuestra benevolencia y afecto, en la medida en que obtenerlos es lo más importante.
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Siendo este el objeto del juicio, os pido y os ruego a todos por igual que me escuchéis mientras me defiendo de las acusaciones con justicia, tal como ordenan las leyes que Solón, el legislador original, quien era benevolente con vosotros y demócrata, pensó que debían ser soberanas no solo por haberlas escrito, sino también porque los jueces han jurado cumplirlas, no por desconfiar de vosotros,
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sino, según me parece, porque veía que no es posible para el acusado superar las acusaciones y calumnias en las que el acusador se hace fuerte por el hecho de hablar primero, a menos que cada uno de vosotros, los jueces, manteniendo vuestra piedad hacia los dioses, acoja con benevolencia los argumentos justos de quien habla después y, presentándose como un oyente imparcial y común para ambos, tome así su decisión sobre todo el asunto.
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Y como hoy voy a rendir cuentas, al parecer, tanto de mi vida privada como de mi gestión pública, quiero invocar de nuevo a los dioses y, ante vosotros, ruego en primer lugar que la misma benevolencia que yo mantengo constantemente hacia la ciudad y hacia todos vosotros, sea la que vosotros me mostréis en este juicio; y, en segundo lugar, que os inspiren a todos a tomar la decisión sobre esta acusación que contribuya tanto a la reputación común como a la piedad de cada uno.
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Si Esquines hubiera acusado solo de los puntos por los que presentó la demanda, yo también me habría defendido directamente sobre el decreto mismo; pero puesto que ha dedicado no menos tiempo a tratar otros asuntos y ha mentido sobre la mayor parte de mis actos, considero necesario y justo a la vez decir unas breves palabras sobre esto primero, atenienses, para que ninguno de vosotros, llevado por sus discursos ajenos al tema, me escuche con menos disposición de la que exigen los argumentos sobre la demanda.
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En cuanto a los asuntos privados sobre los que me ha injuriado calumniándome, ved cuán sencillas y justas son mis palabras. Si sabéis que soy tal como él me acusaba( pues no he vivido en otro lugar que no sea entre vosotros), no me permitáis ni siquiera hablar, ni aunque haya gestionado todos los asuntos públicos de forma excelente, sino levantaos y condenadme ahora mismo; pero si me habéis considerado y sabéis que soy mucho mejor que él y de mejor familia, y que no soy inferior a nadie de los ciudadanos moderados— por no decir nada ofensivo—, entonces no le creáis a él ni siquiera en lo demás( pues es evidente que todo lo inventaba de la misma manera), y concededme a mí ahora la misma benevolencia que me habéis mostrado durante todo este tiempo en muchos de los juicios anteriores.
11
Siendo malintencionado, Esquines, has pensado que era totalmente ingenuo que yo, dejando de lado los discursos sobre mis actos y mi gestión política, me dedicaría a responder a tus invectivas. No haré tal cosa; no estoy tan loco. Más bien, examinaré las falsedades y calumnias que has vertido sobre mi gestión política, y de este desfile de insultos que has hecho sin freno, me ocuparé más tarde, si estos señores así lo desean.
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Las acusaciones son muchas, y sobre algunas de ellas las leyes imponen castigos grandes y extremos, pero la intención de este juicio presente es esta: contiene la animosidad, la insolencia, la invectiva y el ultraje de un enemigo, todo junto y cosas por el estilo; sin embargo, de las acusaciones y cargos mencionados, si fueran ciertos, no hay forma de que la ciudad obtenga un castigo digno, ni siquiera cercano.
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Pues no se debe privar a nadie de dirigirse al pueblo y obtener el derecho a hablar, ni hacer esto por animosidad y envidia; ni por los dioses es correcto, ni político, ni justo, atenienses. Sino que, sobre los asuntos en los que me veía cometiendo una injusticia contra la ciudad, siendo estos tan grandes como los que ahora dramatizaba y exponía, debió utilizar los castigos previstos por las leyes en el momento mismo de las injusticias: si me veía haciendo cosas dignas de una acusación pública( eisangelia), haberme acusado y haberme llevado a juicio ante vosotros de esa manera; y si proponía leyes ilegales, haberme denunciado por ilegalidad; pues no es posible que pueda perseguir a Ctesifonte por mi causa y que, si realmente pensara que puede probar mis culpas, no me hubiera denunciado a mí mismo.
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Y, ciertamente, si me veía cometiendo cualquier otra injusticia contra vosotros de las que ahora calumniaba y exponía, existen leyes para todo y castigos, y juicios que conllevan penas amargas y grandes, y podía haber utilizado todos ellos; y en el momento en que hubiera parecido que yo había hecho estas cosas y que había actuado de esa manera contra mí, la acusación habría estado en consonancia con sus actos.
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Pero ahora, habiéndose apartado del camino recto y justo y habiendo huido de las pruebas en el momento mismo de los hechos, después de tanto tiempo ha acumulado acusaciones, burlas e invectivas y las interpreta; luego, me acusa a mí, pero juzga a este, y en todo el juicio se pone al frente de la enemistad contra mí, pero en ninguna parte parece haber recurrido a esto buscando privar a otro de sus derechos civiles.
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Y, sin embargo, además de todo lo que uno podría decir en defensa de Ctesifonte, también me parece que esto se podría decir con mucha razón: que era justo que nosotros hiciéramos el examen de nuestra enemistad entre nosotros mismos, y no dejar de luchar el uno contra el otro para buscar a quién causarle algún daño; pues esto es el colmo de la injusticia.
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Así pues, cualquiera podría ver que todas las acusaciones, por igual, parten de esto, y que no han sido dichas ni con justicia ni sobre ninguna base de verdad; pero quiero examinar también una por una cada una de ellas, y sobre todo aquellas en las que mintió sobre mí respecto a la paz y la embajada, atribuyéndome a mí los actos que él mismo cometió junto con Filócrates. Es necesario, atenienses, y quizás apropiado, recordar cómo estaban los asuntos en aquellos tiempos, para que consideréis cada cosa en relación con el momento en que ocurrieron.
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Pues al estallar la guerra focidia, no por mi causa( pues yo aún no participaba en la política entonces), en primer lugar, vosotros estabais dispuestos de tal manera que deseabais que los focidios se salvaran, aunque veíais que no actuaban con justicia, y os habríais alegrado de que los tebanos sufrieran cualquier cosa, pues estabais irritados con ellos, no sin razón ni injusticia; pues no habían hecho un uso moderado de la fortuna que habían tenido en Leuctra. En segundo lugar, todo el Peloponeso estaba dividido, y ni los que odiaban a los lacedemonios eran tan fuertes como para eliminarlos, ni los que antes gobernaban a través de ellos eran dueños de las ciudades, sino que había una disputa y confusión indefinida tanto entre estos como entre todos los demás.
19
Filipo, al ver esto( pues no era algo oculto), gastando dinero en los traidores de cada lugar, los enfrentaba a todos y los perturbaba entre sí; luego, mientras otros cometían errores y pensaban mal, él mismo se preparaba y se infiltraba contra todos. Y como los tebanos, entonces poderosos pero ahora desgraciados, al estar agotados por la duración de la guerra, eran evidentes para todos que se verían obligados a refugiarse en vosotros, Filipo, para que esto no sucediera y las ciudades no se unieran, les prometió a vosotros la paz y a ellos ayuda.
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Entonces,¿ qué le ayudó a conseguir que vosotros, por poco, fuerais engañados voluntariamente? La maldad, o la ignorancia, o ambas cosas, de los demás griegos, quienes, mientras vosotros librabais una guerra continua y larga, y esta en defensa de los intereses de todos, como ha quedado demostrado en la práctica, no os ayudaban ni con dinero, ni con hombres, ni con ninguna otra cosa en absoluto; y, estando irritados con ellos con justicia y propiedad, accedisteis fácilmente a Filipo. Así pues, la paz que se acordó entonces se hizo por estas razones, no por mí, como él calumniaba; y si alguien examina con justicia, encontrará que las injusticias y los sobornos de estos son la causa de los asuntos presentes.
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Y todo esto lo expongo y detallo con precisión en favor de la verdad. Pues si pareciera que hay alguna injusticia en esto, no tiene nada que ver conmigo, ciertamente; sino que el primero en hablar y mencionar la paz fue Aristodemo el actor, y quien tomó el relevo, redactó el decreto y se alquiló a sí mismo junto con él para esto fue Filócrates de Agnú, tu socio, Esquines, no el mío, aunque te revientes mintiendo; y los que hablaron a favor, por la razón que fuera( pues dejo esto de lado por el momento), fueron Eubulo y Cefisofonte; yo, en ninguna parte, nada.
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Pero, sin embargo, siendo esto así y demostrándose así sobre la verdad misma, llegó a tal punto de desvergüenza que se atrevía a decir que yo, además de ser el causante de la paz, había impedido que la ciudad la hiciera con un congreso común de los griegos. Entonces, oh...¿ qué podría decirte alguien para llamarte correctamente?¿ Hubo alguna vez en que, estando tú presente, viendo que yo privaba a la ciudad de una acción y alianza tan grande como la que ahora exponías, te indignaras, o salieras a hablar y enseñaras y expusieras lo que ahora acusas?
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Y, ciertamente, si yo hubiera vendido a Filipo el impedir la unión de los griegos, te quedaba a ti no callar, sino gritar, protestar y revelarlo a estos señores. No hiciste tal cosa en ninguna parte, ni nadie escuchó esa voz tuya; pues ni se había enviado ninguna embajada a ninguno de los griegos entonces, sino que todos habían sido puestos a prueba desde hacía mucho tiempo, ni este ha dicho nada sano sobre esto.
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Además de esto, calumnia a la ciudad en lo más grave al mentir; pues si vosotros, al mismo tiempo que llamabais a los griegos a la guerra, enviabais embajadores a Filipo para pedir la paz, habríais cometido un acto de Euríbato, no una acción de una ciudad ni de hombres honestos. Pero esto no es así, no es así; pues,¿ qué querríais al llamarlos en ese momento?¿ Para la paz? Pero ya estaba al alcance de todos.¿ Para la guerra? Pero vosotros mismos deliberabais sobre la paz. Por tanto, no aparezco ni como el líder ni como el causante de la paz original, ni se demuestra que sea verdadero nada de lo demás sobre lo que mintió sobre mí.
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Puesto que la ciudad hizo la paz, considerad de nuevo qué eligió hacer cada uno de nosotros; pues también por esto sabréis quién era el que luchaba en todo por Filipo, y quién el que actuaba en vuestro favor y buscaba lo que convenía a la ciudad. Yo, pues, propuse en el consejo que los embajadores zarparan lo antes posible hacia los lugares donde se enteraran de que estaba Filipo, y recibieran los juramentos; pero ellos no quisieron hacer esto ni siquiera cuando yo lo propuse.
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Y,¿ qué significaba esto, atenienses? Yo os lo enseñaré. A Filipo le convenía que pasara el mayor tiempo posible entre los juramentos, y a vosotros el menor.¿ Por qué? Porque vosotros, no desde el día en que jurasteis, sino desde el día en que esperasteis que habría paz, disolvisteis todos los preparativos de la guerra, mientras que él se ocupaba de esto más que de cualquier otra cosa durante todo el tiempo, pensando, lo cual era cierto, que todo lo que pudiera arrebatar a la ciudad antes de prestar los juramentos, lo tendría de forma segura; pues nadie rompería la paz por causa de esto.
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Previendo esto, atenienses, y calculándolo, redacto este decreto: navegar hacia los lugares donde estuviera Filipo y recibir los juramentos lo antes posible, para que, mientras los tracios, vuestros aliados, poseyeran estos lugares que ahora él despreciaba, Serrio, Mirtino y Ergiske, se realizaran los juramentos, y él no se apoderara de los lugares estratégicos y se estableciera como dueño de Tracia, ni, habiendo obtenido abundancia de dinero y de soldados de esto, atacara fácilmente los asuntos restantes.
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Luego, este no menciona ni lee este decreto; pero si yo, como consejero, pensaba que debía presentar a los embajadores, me calumnia por esto. Pero,¿ qué debía hacer?¿ Proponer no presentar a los que venían para esto, para que hablaran con vosotros?¿ O pedir al arquitecto que no les asignara asientos en el teatro? Pero habrían visto el espectáculo por los dos óbolos, si no se hubiera escrito esto.¿ Debía yo proteger los pequeños intereses de la ciudad y haber vendido los grandes, como estos? De ninguna manera. Lee, pues, este decreto que, conociéndolo claramente, él omitió.
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DECRETO DE DEMÓSTENES. Siendo arconte Mnesífilo, el último día del mes hecatombeón, bajo la pritania de la tribu Pandiónida, Demóstenes, hijo de Demóstenes, del demo de Peania, dijo: puesto que Filipo, habiendo enviado embajadores sobre la paz, ha hecho tratados acordados, ha decidido el consejo y el pueblo de los atenienses, para que se lleve a cabo la paz que fue votada en la primera asamblea, elegir embajadores de entre todos los atenienses, cinco, y que los elegidos partan sin hacer ninguna demora, dondequiera que se enteren de que está Filipo, y reciban de él los juramentos y los presten lo antes posible sobre los tratados acordados por él con el pueblo de los atenienses, incluyendo también a los aliados de ambas partes. Fueron elegidos embajadores: Eubulo de Anaflisto, Esquines de Cotócida, Cefisofonte de Ramnunte, Demócrates de Flía, Cleón de Cotócida.
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Habiendo redactado yo esto entonces y buscando lo que convenía a la ciudad, no lo que convenía a Filipo, estos honestos embajadores, preocupándose poco, se quedaron en Macedonia tres meses enteros, hasta que Filipo vino de Tracia habiéndolo conquistado todo, cuando era posible, en diez días, o incluso en tres o cuatro, haber llegado al Helesponto y salvar los lugares, habiendo recibido los juramentos antes de que él los tomara; pues no los habría tocado estando nosotros presentes, o no le habríamos hecho jurar, de modo que habría perdido la paz y no habría tenido ambas cosas, la paz y los lugares.
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Así pues, el primer robo de Filipo en la embajada, y el soborno de estos hombres injustos, fue de esta naturaleza; por lo cual, tanto entonces como ahora y siempre, admito que lucho y estoy en desacuerdo con ellos. Y ved inmediatamente después de esto otro crimen aún mayor.
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Pues cuando Filipo juró la paz, habiendo tomado Tracia gracias a estos que no se dejaron convencer por mi decreto, de nuevo los compra para que no salgamos de Macedonia hasta que él haya preparado los asuntos de la expedición contra los focidios, para que, al informar nosotros aquí que él se prepara y se dispone a marchar, vosotros no salierais y, navegando con los trirremes hacia las Termópilas como antes, cerrarais el lugar, sino que, al mismo tiempo que escucharais esto de nosotros, él estuviera dentro de las Termópilas y vosotros no pudierais hacer nada.
33
Y Filipo estaba con tanto miedo y ansiedad, por si, habiendo tomado ya esto, antes de que votarais ayudar a los focidios, los asuntos se le escapaban, que alquila a este despreciable, ya no en común con los otros embajadores, sino por su cuenta, para decir y anunciar ante vosotros cosas por las que todo se perdió.
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Y pido, atenienses, y ruego que recordéis esto durante todo el juicio, que si Esquines no hubiera acusado nada fuera de la demanda, yo tampoco habría hecho ningún otro discurso; pero habiendo utilizado él todas las acusaciones y blasfemias a la vez, es necesario que yo también responda brevemente a cada una de las acusaciones.
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Entonces,¿ cuáles fueron los discursos pronunciados por este entonces, y por los cuales todo se perdió? Que no hay que alarmarse por el hecho de que Filipo haya pasado dentro de las Termópilas; pues todo lo que queráis será, si mantenéis la calma, y escucharéis en dos o tres días que, para quienes era enemigo, se ha convertido en amigo, y para quienes era amigo, por el contrario, en enemigo. Pues decía que no son las palabras las que aseguran las relaciones, llamándolas muy solemnemente, sino el tener los mismos intereses; y que a Filipo, a los focidios y a vosotros os conviene por igual libraros de la insensibilidad y la pesadez de los tebanos.
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Algunos escuchaban esto con agrado debido a la enemistad que entonces existía contra los tebanos.¿ Qué sucedió, pues, inmediatamente después, no mucho tiempo después? Que los focidios fueron destruidos y sus ciudades arrasadas, y vosotros, habiendo mantenido la calma y habiendo sido convencidos por este, poco después tuvisteis que recoger vuestras pertenencias de los campos, y este recibió oro, y además de esto, la enemistad contra los tebanos y tesalios recayó sobre la ciudad, y el agradecimiento por lo sucedido, sobre Filipo.
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Y que esto es así, léeme el decreto de Calístenes y la carta de Filipo, de los cuales ambos todo esto os será evidente. Lee. DECRETO. Siendo arconte Mnesífilo, asamblea convocada por los estrategos y pritanos, y por decisión del consejo, el día diez antes de terminar el mes maimacterión, Calístenes, hijo de Eteónico, del demo de Falero, dijo: que ningún ateniense, bajo ningún pretexto, pase la noche en el campo, sino en la ciudad y en el Pireo, todos los que no estén destinados en las guarniciones; y que cada uno de estos mantenga el puesto que recibió, sin pasar el día ni la noche fuera.
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Y quien desobedezca este decreto, que sea responsable de las penas por traición, a menos que demuestre alguna imposibilidad respecto a sí mismo; y sobre la imposibilidad, que decida el estratego encargado de las armas, el encargado de la administración y el secretario del consejo. Y que traigan también todo lo que hay en los campos lo antes posible, lo que esté dentro de ciento veinte estadios a la ciudad y al Pireo, y lo que esté fuera de ciento veinte estadios a Eleusis, Fila, Afidna, Ramnunte y Sunio. Dijo Calístenes de Falero.¿ Acaso con estas esperanzas hicisteis la paz, o esto es lo que os prometía este mercenario?
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Lee, pues, la carta que envió Filipo después de esto. CARTA. El rey de los macedonios, Filipo, al consejo y al pueblo de los atenienses, salud. Sabed que hemos pasado dentro de las Termópilas y hemos sometido los asuntos de Fócida bajo nuestro control, y que, en cuanto a las ciudades que se entregaron voluntariamente, hemos introducido guarniciones, y las que no obedecieron, las hemos tomado por la fuerza, esclavizado y arrasado. Y al oír que también vosotros os preparáis para ayudarles, os he escrito para que no os preocupéis más por esto; pues en conjunto no me parece que actuéis con moderación, al haber acordado la paz y al mismo tiempo prepararos para enfrentaros, y esto sin que los focidios estuvieran incluidos en nuestros tratados comunes. De modo que, si no os mantenéis en lo acordado, no obtendréis ninguna ventaja más allá de haberos adelantado a cometer una injusticia.
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Escuchad cuán claramente declara y especifica en la carta dirigida a vosotros ante sus propios aliados, que yo he hecho esto contra la voluntad de los atenienses y estando ellos afligidos, de modo que, si pensáis bien, tebanos y tesalios, consideraréis a estos como enemigos y confiaréis en mí, no escribiendo esto con esas palabras, sino queriendo demostrar esto. Por tanto, a partir de esto, se los llevó consigo hasta el punto de no prever nada de lo que vendría después ni darse cuenta, sino permitir que él pusiera todos los asuntos bajo su control; de lo cual los desgraciados se han visto afectados por las desgracias presentes.
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Y el cómplice y aliado de esta confianza suya, y el que anunció aquí las mentiras y os engañó, este es el que ahora se lamenta de las desgracias de los tebanos y expone cuán lastimosas son, siendo él mismo el causante de estas y de las desgracias de los focidios y de todas las demás que han sufrido los griegos. Pues es evidente que tú te afliges por lo sucedido, Esquines, y te compadeces de los tebanos, teniendo propiedades en Beocia y cultivando las tierras de ellos, mientras que yo me alegro, yo que fui reclamado inmediatamente por el que hizo esto.
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Pero he caído en discursos que quizás sea más apropiado decir enseguida. Volveré, pues, de nuevo a las pruebas de que las injusticias de estos han sido la causa de los asuntos presentes. Pues cuando fuisteis engañados por Filipo a través de estos que se alquilaron en las embajadas y no os anunciaron nada verdadero, y los desgraciados focidios fueron engañados y sus ciudades destruidas,¿ qué sucedió?
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Los despreciables tesalios y los insensatos tebanos consideraban a Filipo amigo, benefactor y salvador; él era todo para ellos; ni siquiera escuchaban una palabra si alguien quería decir otra cosa. Vosotros, recelando de lo sucedido y estando disgustados, manteníais la paz, sin embargo; pues no había nada que pudierais hacer. Y los demás griegos, engañados al igual que vosotros y habiendo fallado en lo que esperaban, mantenían la paz con agrado, y ellos mismos, de alguna manera, siendo atacados desde hacía mucho tiempo.
44
Pues cuando Filipo, recorriendo el territorio, sometía a ilirios y tribalos, y a algunos de los griegos, y ponía bajo su control fuerzas muchas y grandes, y algunos de los que venían de las ciudades, moviéndose hacia allí por la libertad de la paz, eran corrompidos, de los cuales uno era este, entonces todos aquellos contra quienes él preparaba esto eran atacados. Si no se daban cuenta, ese es otro discurso, no para mí.
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Pues yo advertía, protestaba y lo hacía siempre ante vosotros y dondequiera que fuera enviado; pero las ciudades estaban enfermas, pues los que participaban en la política y actuaban eran sobornados y corrompidos por dinero, y los ciudadanos particulares y la mayoría, unos no previendo nada, otros siendo seducidos por la comodidad y el ocio cotidiano, y habiendo sufrido todos una desgracia similar, excepto que cada uno pensaba que el peligro no vendría sobre sí mismo y que, a través de los peligros de los demás, mantendrían los suyos a salvo cuando quisieran.
46
Luego, creo, ha sucedido que las masas, en lugar de la mucha e inoportuna pereza, han perdido la libertad, y los que estaban al frente y pensaban que vendían todo menos a sí mismos, se han dado cuenta de que se habían vendido a sí mismos primero; pues en lugar de amigos y huéspedes, como se les llamaba entonces cuando aceptaban sobornos, ahora son llamados aduladores, enemigos de los dioses y todo lo demás que corresponde.
47
Pues nadie, atenienses, gasta dinero buscando el interés del que traiciona, ni, una vez que se hace dueño de lo que compra, utiliza al traidor como consejero para lo que queda; pues no habría nada más afortunado que un traidor. Pero esto no es así;¿ de dónde? Está muy lejos de serlo. Sino que, una vez que el que busca gobernar se hace dueño de los asuntos, y es señor de los que vendieron esto, conociendo entonces la maldad, entonces sí, entonces los odia, desconfía de ellos y los ultraja.
48
Y observad; pues incluso si el momento de los asuntos ha pasado, el momento de conocer tales cosas siempre está presente para los que piensan bien. Hasta aquí Lastenes era llamado amigo, hasta que traicionó a Olinto; hasta aquí Timolao, hasta que destruyó Tebas; hasta aquí Eudico y Simo el lariseo, hasta que pusieron a Tesalia bajo Filipo. Luego, el mundo entero se ha llenado de los que son expulsados, ultrajados y que sufren todo tipo de males.¿ Y qué de Aristrato en Sición, y qué de Perilo en Mégara?¿ No han sido desechados?
49
De lo cual cualquiera podría ver muy claramente que el que más protege a su propia patria y más se opone a estos, este, Esquines, os proporciona a vosotros, los que traicionáis y sois mercenarios, el tener algo por lo que aceptar sobornos, y gracias a la mayoría de estos y a los que se oponen a vuestros deseos, vosotros estáis a salvo y cobráis sueldo, pues por vosotros mismos hace mucho que habríais perecido.
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Y sobre los asuntos realizados entonces, teniendo aún mucho que decir, considero que se ha dicho más de lo suficiente. El responsable es este, que, habiendo vertido sobre mí una especie de vómito de su propia maldad y de sus injusticias, era necesario refutarlo ante los más jóvenes respecto a los hechos. Y quizás os hayáis molestado los que ya sabíais, incluso antes de que yo dijera nada, la mercenariedad de este entonces.
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Y, sin embargo, él mismo lo llama amistad y hospitalidad, y ahora dijo en alguna parte, al hablar el que me reprocha la hospitalidad de Alejandro:¿ yo, la hospitalidad de Alejandro para ti?¿ De dónde la has tomado o cómo has sido considerado digno de ella? No podría llamarte ni huésped de Filipo ni amigo de Alejandro, no estoy tan loco, a menos que también haya que llamar amigos y huéspedes de los que los contratan a los segadores y a los que hacen cualquier otra cosa por dinero.
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Pero esto no es así;¿ de dónde? Está muy lejos de serlo. Sino que yo te llamo mercenario de Filipo antes y ahora de Alejandro, y todos estos también. Y si no lo crees, pregúntales, o mejor, yo haré esto por ti.¿ Os parece, atenienses, que Esquines es un mercenario o un huésped de Alejandro? Escuchas lo que dicen.
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Quiero, pues, ya defenderme también sobre la demanda misma y exponer mis actos, para que, aunque Esquines lo sepa, escuche por qué digo que soy digno de obtener tanto estos decretos previos como recompensas aún mucho mayores que estos. Y léeme la demanda misma tomándola. DEMANDA.
54
Siendo arconte Querondas, el día seis del mes elafebolión, Esquines, hijo de Atrometo, del demo de Cotócida, presentó ante el arconte una denuncia por ilegalidad contra Ctesifonte, hijo de Leóstenes, del demo de Anaflisto, porque redactó un decreto ilegal, que hay que coronar a Demóstenes, hijo de Demóstenes, del demo de Peania, con una corona de oro, y proclamarlo en el teatro en las Grandes Dionisias, en la representación de las nuevas tragedias, que el pueblo corona a Demóstenes, hijo de Demóstenes, del demo de Peania, con una corona de oro por su virtud y la benevolencia que mantiene constantemente hacia todos los griegos y hacia el pueblo de los atenienses, y por su hombría de bien, y porque sigue haciendo y diciendo lo mejor para el pueblo y está dispuesto a hacer todo el bien que pueda,
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habiendo escrito todo esto como falso e ilegal, no permitiendo las leyes, en primer lugar, que se presenten denuncias falsas en los registros públicos, luego, coronar al que está sujeto a rendición de cuentas( y Demóstenes es constructor de muros y está encargado del fondo para espectáculos), y además, no proclamar la corona en el teatro en las Dionisias en la representación de las tragedias, sino que, si el consejo corona, proclamarlo en el consejo, y si la ciudad, en la Pnyx, en la asamblea. Pena: cincuenta talentos. Testigos: Cefisofonte, hijo de Cefisofonte, de Ramnunte, Cleón, hijo de Cleón, de Cotócida.
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Lo que persigue de la demanda, atenienses, es esto. Y yo, a partir de esto mismo, creo que os haré evidente que me defenderé con justicia; pues, habiendo hecho el mismo orden que él de lo escrito, hablaré sobre todo punto por punto sucesivamente y no omitiré nada voluntariamente.
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En cuanto a haber escrito que yo sigo haciendo y diciendo lo mejor para el pueblo y que estoy dispuesto a hacer todo el bien que pueda, y alabarme por esto, considero que el juicio está en mi gestión política; pues a partir del examen de esto se encontrará si Ctesifonte ha escrito sobre mí cosas verdaderas y apropiadas o si ha escrito falsedades.
58
En cuanto a no haber añadido que se me corone cuando rinda cuentas, y a haber ordenado proclamar la corona en el teatro, considero que esto también es algo que comparto con quienes han participado en la política, sea yo digno o no de la corona y de la proclamación en estos actos; sin embargo, me parece que también debo mostrar las leyes conforme a las cuales le estaba permitido a él proponer esto. De este modo, ciudadanos atenienses, he decidido realizar mi defensa de manera justa y sencilla, y me ceñiré a los hechos que he llevado a cabo.
59
Y que nadie suponga que desvío mi discurso de la acusación si entro en asuntos y discursos sobre los griegos; pues quien me acusa por el decreto de que digo y hago lo mejor, y ha escrito que esto no es verdad, es él mismo quien ha hecho que los discursos sobre todos mis actos políticos sean pertinentes y necesarios para la acusación. Además, habiendo muchas opciones en la política, yo elegí la relativa a los asuntos griegos, de modo que es justo que también presente las pruebas a partir de estos.
60
Dejaré de lado, pues, lo que Filipo se apoderó y ocupó antes de que yo participara en la política y hablara ante el pueblo; pues no considero que nada de eso tenga que ver conmigo. Pero recordaré y daré cuenta de aquello que fue impedido desde el día en que me hice cargo de estos asuntos, tras haber dicho esto: una gran ventaja, ciudadanos atenienses, tuvo Filipo.
61
Pues entre los griegos, no en algunos, sino en todos por igual, ocurrió que surgió tal abundancia de traidores, sobornados y hombres odiosos a los dioses como nadie recuerda que haya existido antes. A estos, tomándolos como aliados y colaboradores, empeoró aún más a los griegos, que ya de por sí estaban mal dispuestos entre sí y eran facciosos, engañando a unos, dando dinero a otros y corrompiendo a otros de todas las maneras, y los dividió en muchas partes, siendo que el interés de todos era uno solo: impedir que aquel se hiciera grande.
62
En tal situación, y estando aún todos los griegos en ignorancia del mal que se estaba gestando y creciendo, debéis considerar, ciudadanos atenienses, qué era lo apropiado que la ciudad eligiera hacer y realizar, y pedirme cuentas de ello; pues yo soy quien se puso a sí mismo en ese lugar de la política.
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¿ Acaso debía ella, Esquines, abandonando su orgullo y su propia dignidad, contribuir a que Filipo obtuviera el mando de los griegos en el orden de los tesalios y dólopes, y destruir los bienes y derechos de sus antepasados?¿ O, no haciendo esto— pues es verdaderamente terrible—, debía pasar por alto lo que veía que iba a suceder si nadie lo impedía, y que, al parecer, preveía desde hacía mucho tiempo?
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Pero ahora, yo mismo preguntaría con gusto a quien más critica lo sucedido:¿ de qué bando habría querido que fuera la ciudad?¿ Del bando causante de los males y vergüenzas que han ocurrido a los griegos, en el que uno podría incluir a los tesalios y a quienes están con ellos, o del bando que ha pasado por alto que esto sucediera con la esperanza de su propio beneficio, en el que podríamos situar a los arcadios, mesenios y argivos?
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Pero incluso muchos de ellos, o mejor dicho todos, han salido peor parados que nosotros. Pues si Filipo, una vez que venció, se hubiera marchado inmediatamente y después hubiera permanecido tranquilo, sin haber causado daño alguno ni a sus propios aliados ni a los demás griegos, habría alguna queja y acusación contra quienes se opusieron a lo que él hacía; pero si despojó a todos por igual de su dignidad, su hegemonía, su libertad, y más aún, de sus constituciones, en la medida en que pudo,¿ cómo no habéis tomado la decisión más gloriosa de todas al haberme hecho caso?
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Pero vuelvo a ese punto.¿ Qué debía hacer la ciudad, Esquines, al ver a Filipo preparándose para sí mismo un mando y una tiranía sobre los griegos?¿ O qué debía decir o proponer el consejero en Atenas( pues esto es lo que más importa), quien sabía desde todo el tiempo hasta el día en que yo mismo subí a la tribuna que la patria siempre luchaba por la primacía, el honor y la gloria, y que había gastado más dinero y vidas por la ambición y el bien común que los demás griegos por sí mismos cada uno?
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Y yo veía a Filipo mismo, contra quien era nuestra lucha, perdiendo un ojo por el mando y el poder, con la clavícula rota, la mano y la pierna mutiladas, entregando cualquier parte de su cuerpo que la fortuna quisiera quitarle, con tal de vivir el resto con honor y gloria.
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Y, ciertamente, nadie se atrevería a decir esto: que al criado en Pella, un lugar entonces oscuro y pequeño, le correspondía tener tal grandeza de alma como para desear el mando de los griegos y meterse esto en la cabeza, y que a vosotros, siendo atenienses y viendo cada día en todos los discursos y espectáculos recuerdos de la virtud de vuestros antepasados, os correspondía tal bajeza como para ceder voluntariamente la libertad a Filipo.
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Nadie diría esto. Quedaba, pues, y era necesario, oponerse justamente a todo lo que él hacía injustamente contra vosotros. Vosotros hacíais esto desde el principio, razonable y apropiadamente, y yo también proponía y aconsejaba durante los tiempos en que participaba en la política. Lo admito. Pero,¿ qué debía hacer yo? Pues ya te pregunto, dejando de lado todo lo demás: Anfípolis, Pidna, Potidea, Haloneso; no recuerdo nada de esto.
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Pero Serrio y Dorisco, el saqueo de Pepareto y todo lo demás en que la ciudad fue agraviada, ni siquiera sé si ha ocurrido. Y sin embargo, tú decías que yo, al hablar de esto, los empujaba a la enemistad, siendo que los decretos sobre estos asuntos eran de Eubulo, Aristofonte y Diopites, no míos,¡ oh, tú que dices con facilidad lo que quieres!
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Ni siquiera ahora hablaré de esto. Pero aquel que se apropiaba de Eubea y preparaba una fortificación contra el Ática, y atacaba Megara, y tomaba Óreo, y derribaba Portmo, y establecía en Óreo al tirano Filistides, y en Eretria a Clitarco, y se apoderaba del Helesponto, y sitiaba Bizancio, y destruía unas ciudades griegas y en otras hacía regresar a los exiliados,¿ acaso al hacer esto cometía injusticias, violaba los tratados y rompía la paz, o no?¿ Y acaso debía aparecer alguien de los griegos que le impidiera hacer esto, o no?
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Pues si no debía, y Grecia debía ser vista como la llamada presa de los misios estando vivos y presentes los atenienses, entonces he sido un entrometido al hablar de esto, y la ciudad que me hizo caso ha sido una entrometida; que sean injusticias todo lo que se ha hecho y errores míos. Pero si debía aparecer alguien que lo impidiera,¿ quién otro sino el pueblo de los atenienses debía ser? Esto, pues, era lo que yo hacía en la política, y al ver que él esclavizaba a todos los hombres, me oponía, y continuaba advirtiendo y enseñando que no debían rendirse. Y, ciertamente, la paz la rompió él al tomar los barcos, no la ciudad, Esquines.
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Trae los decretos mismos y la carta de Filipo, y léelos seguidos; pues a partir de esto quedará claro quién es responsable de qué. DECRETO. Siendo arconte Neocles, en el mes de Boedromión, asamblea convocada por los estrategos, Eubulo, hijo de Mnesiteo, de Copros, propuso: puesto que los estrategos han anunciado en la asamblea que Amintas, el estratego de Filipo, ha llevado a Macedonia al navarco Leodamante y a los veinte barcos enviados con él para la escolta del grano al Helesponto, y los tiene bajo custodia, que los prítanes y los estrategos se ocupen de que el Consejo se reúna y se elijan embajadores ante Filipo,
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quienes, al llegar, hablarán con él sobre la liberación del navarco, los barcos y los soldados, y si Amintas ha hecho esto por ignorancia, que el pueblo no se queja de nada; pero si ha capturado a alguien cometiendo una falta contra las órdenes, que los atenienses, tras examinarlo, castigarán según el valor de la negligencia; pero si no es ninguna de estas dos cosas, sino que el que envió o el enviado actúan de mala fe por su cuenta, que también digan esto, para que el pueblo, al darse cuenta, decida qué debe hacer.
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Este decreto, pues, lo escribió Eubulo, no yo; el siguiente, Aristofonte; luego Hegesipo; luego Aristofonte de nuevo; luego Filócrates; luego Cefisofonte; luego todos; yo, nada sobre esto. Lee. DECRETOS. Siendo arconte Neocles, el día veintinueve de Boedromión, parecer del Consejo, los prítanes y estrategos informaron tras haberlo traído de la asamblea, que el pueblo decidió elegir embajadores ante Filipo sobre la recuperación de los barcos y dar instrucciones conforme a los decretos de la asamblea. Y eligieron a estos: Cefisofonte, hijo de Cleón, de Anaflisto; Demócrito, hijo de Demofonte, de Anagiro; Polícrito, hijo de Apemante, de Cotocida. Pritanía de la tribu Hipotóntide, Aristofonte de Colito, presidente, propuso.
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Así como yo muestro estos decretos, muestra tú también, Esquines, qué decreto escrito por mí es causa de la guerra. Pero no podrías; pues si lo tuvieras, no habrías presentado nada antes que eso ahora. Y, ciertamente, ni siquiera Filipo me culpa de nada por la guerra, al quejarse de otros. Lee la carta misma de Filipo. CARTA.
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El rey de los macedonios, Filipo, al Consejo y al pueblo de los atenienses, salud. Habiendo llegado ante mí vuestros embajadores, Cefisofonte, Demócrito y Polícrito, hablaron sobre la liberación de los barcos que mandaba Leodamante. En general, pues, me parecéis estar en gran ingenuidad si creéis que se me oculta que estos barcos fueron enviados con el pretexto de escoltar el grano desde el Helesponto a Lemnos, pero para ayudar a los selimbrianos, que están siendo sitiados por mí, y que no están incluidos en los tratados de amistad establecidos en común entre nosotros.
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Y esto fue ordenado al navarco sin el pueblo de los atenienses, sino por algunos magistrados y otros que ahora son particulares, pero que de todas formas quieren que el pueblo retome la guerra en lugar de la amistad que existe ahora conmigo, esforzándose mucho más por que esto se lleve a cabo que por ayudar a los selimbrianos. Y suponen que tal cosa será un ingreso para ellos; sin embargo, no me parece que esto sea útil ni para vosotros ni para mí. Por lo cual, libero para vosotros los barcos ahora traídos ante nosotros, y en el futuro, si queréis no permitir que los que están al frente de vosotros actúen con mala intención en la política, sino que los castiguéis, intentaré yo también preservar la paz. Sed felices.
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Aquí no ha escrito Demóstenes en ninguna parte, ni ninguna acusación contra mí.¿ Por qué, entonces, al quejarse de los demás, no menciona mis actos? Porque habría mencionado sus propias injusticias si hubiera escrito algo sobre mí; pues yo me aferraba a ellas y me oponía a ellas. Y primero escribí la embajada al Peloponeso, cuando él se infiltraba por primera vez en el Peloponeso, luego la de Eubea, cuando tocaba Eubea, luego la expedición a Óreo, ya no embajada, y la de Eretria, cuando él estableció tiranos en estas ciudades.
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Después de esto envié todas las expediciones navales, gracias a las cuales se salvaron el Quersoneso, Bizancio y todos los aliados. De lo cual, para vosotros, los mejores resultados, elogios, glorias, honores, coronas y agradecimientos por parte de los beneficiados, estaban presentes; y de los agraviados, para los que entonces hicieron caso a vosotros, la salvación resultó, y para los que fueron negligentes, el recordar a menudo lo que vosotros habíais predicho, y considerar que vosotros no solo sois benévolos con ellos, sino también hombres prudentes y adivinos; pues todo lo que predijisteis ha sucedido.
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Y, ciertamente, que Filistides habría dado mucho dinero por tener Óreo, y Clitarco mucho por tener Eretria, y el mismo Filipo mucho por que esto estuviera a su favor contra vosotros, y por que no se examinara nada de lo demás ni se investigara en ninguna parte lo que hacía al cometer injusticias, nadie lo ignora, y tú menos que nadie.
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Pues los embajadores de Clitarco y Filistides que llegaban aquí se alojaban en tu casa, Esquines, y tú eras su protector; a quienes la ciudad expulsó como enemigos y como personas que no decían cosas justas ni convenientes, pero para ti eran amigos. No se hizo nada de esto, tú que blasfemas sobre mí y dices que callo cuando recibo, pero grito cuando gasto. Pero no tú, sino que gritas cuando tienes, y no te detendrás nunca a menos que estos te detengan hoy inhabilitándote.
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Habiéndome coronado vosotros, pues, por esto entonces, y habiendo escrito Aristónico las mismas palabras que este Ctesifonte ha escrito ahora, y habiéndose proclamado la corona en el teatro, y siendo esta la segunda proclamación que se me hacía, ni Esquines, estando presente, se opuso, ni acusó al que lo propuso. Y léeme también este decreto, tomándolo. DECRETO.
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Siendo arconte Querondas Hegemón, el día veinticuatro de Gamelión, pritanía de la tribu Leóntide, Aristónico de Frearrio propuso: puesto que Demóstenes, hijo de Demóstenes, de Peania, ha prestado muchos y grandes servicios al pueblo de los atenienses, y ha ayudado a muchos de los aliados tanto antes como en el momento actual mediante sus decretos, y ha liberado a algunas de las ciudades de Eubea, y continúa siendo benévolo con el pueblo de los atenienses, y dice y hace todo lo que puede de bueno tanto por los atenienses mismos como por los demás griegos, que el Consejo y el pueblo de los atenienses decidan elogiar a Demóstenes, hijo de Demóstenes, de Peania, y coronarlo con una corona de oro, y proclamar la corona en el teatro, en las Dionisias, con los nuevos actores de tragedia, y que la tribu que ejerce la pritanía y el agonoteta se ocupen de la proclamación de la corona. Lo dijo Aristónico de Frearrio.
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¿ Hay, pues, alguien de vosotros que sepa de alguna vergüenza que haya ocurrido a la ciudad por este decreto, o burla o risa, que este decía ahora que ocurrirían si yo fuera coronado? Y, ciertamente, cuando los hechos son nuevos y conocidos por todos, si salen bien, obtienen agradecimiento, y si de otra manera, castigo. Resulta, pues, que yo obtuve agradecimiento entonces, y no queja ni castigo.
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Por tanto, hasta aquellos tiempos en los que se hicieron estas cosas, he sido reconocido por hacer todo lo mejor para la ciudad, por el hecho de ganar cuando deliberabais, al hablar y escribir, por el hecho de que se llevaran a cabo lo propuesto, y de que surgieran coronas de ello para la ciudad, para mí y para todos, por el hecho de que vosotros hayáis hecho sacrificios a los dioses y procesiones como si estos fueran bienes.
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Puesto que, pues, Filipo fue expulsado de Eubea por vosotros con las armas, y con la política y los decretos— y aunque algunos de estos se revienten— por mí, buscaba otra fortificación contra la ciudad. Al ver que usamos más grano importado que todos los hombres, queriendo hacerse dueño del suministro de grano, pasando a Tracia, a los bizantinos, que eran sus aliados, al principio les pedía que lucharan con él en la guerra contra vosotros, y como no querían ni decían haber hecho la alianza para esto, diciendo la verdad, levantando una empalizada junto a la ciudad y colocando máquinas, los sitiaba.
88
Al ocurrir esto, no preguntaré qué era lo apropiado que hicierais; pues es evidente para todos. Pero,¿ quién fue el que ayudó a los bizantinos y los salvó?¿ Quién el que impidió que el Helesponto fuera alienado en aquellos tiempos? Vosotros, ciudadanos atenienses. Y cuando digo vosotros, digo la ciudad.¿ Y quién fue el que hablaba, escribía, actuaba y, en suma, se entregaba sin reservas a los asuntos por la ciudad? Yo.
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Pero, ciertamente, cuán grandes beneficios trajo esto a todos, ya no hay que aprenderlo del discurso, sino que lo habéis experimentado con hechos; pues la guerra que entonces sobrevino, además de traer una hermosa gloria, os mantenía en todos los aspectos de la vida con más abundancia y más barato que la paz actual, que estos hombres buenos guardan contra la patria, con esperanzas futuras, de las que ojalá fracasen, y participen de lo que vosotros, los que queréis lo mejor, pedís a los dioses, y no os hagan partícipes de lo que ellos mismos han elegido. Lee también para ellos las coronas de los bizantinos y las de los perintios, con las que coronaban a la ciudad por estos hechos. DECRETO DE LOS BIZANTINOS.
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Siendo hieromnemon Bosporico, Damageto dijo en la halia, tras haber tomado la propuesta del Consejo: puesto que el pueblo de los atenienses, tanto en los tiempos pasados, continúa siendo benévolo con los bizantinos y sus aliados y parientes perintios, y ha prestado muchos y grandes servicios, y en el momento actual, habiendo Filipo de Macedonia hecho campaña contra el territorio y la ciudad para la destrucción de los bizantinos y perintios, y quemando y talando el territorio, habiendo ayudado con ciento veinte barcos, grano, armas y hoplitas, nos libró de los grandes peligros y restauró la constitución patria, las leyes y las tumbas,
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que el pueblo de los bizantinos y perintios decida dar a los atenienses derecho de matrimonio, ciudadanía, posesión de tierras y casas, presidencia en los juegos, acceso al Consejo y al pueblo los primeros después de los asuntos sagrados, y que los que deseen habitar la ciudad estén exentos de todas las liturgias; y erigir tres estatuas de dieciséis codos en el Bosporio, siendo coronado el pueblo de los atenienses por el pueblo de los bizantinos y perintios; y enviar también embajadas a los festivales de Grecia, Ístmicos, Nemeos, Olímpicos y Píticos, y proclamar las coronas con las que ha sido coronado el pueblo de los atenienses por nosotros, para que los griegos sepan tanto la virtud de los atenienses como la gratitud de los bizantinos y perintios.
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Lee también las coronas de los que están en el Quersoneso. DECRETO DE LOS QUERSONESITAS. Los quersonesitas que habitan Sesto, Eleunte, Madito, Alopecóneso, coronan al Consejo y al pueblo de los atenienses con una corona de oro de sesenta talentos, y erigen un altar a la Gratitud y al Pueblo de los atenienses, porque ha sido causa de todos los mayores bienes para los quersonesitas, librándolos de Filipo y devolviéndoles las patrias, las leyes, la libertad, los asuntos sagrados. Y en todo el tiempo venidero no dejará de agradecer y hacer todo lo que pueda de bueno. Esto decretaron en el consejo común.
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Por tanto, no solo salvar el Quersoneso y Bizancio, ni impedir que el Helesponto estuviera bajo Filipo entonces, ni que la ciudad fuera honrada por esto, es lo que mi elección y mi política lograron, sino que también mostró a todos los hombres tanto la nobleza de la ciudad como la maldad de Filipo. Pues él, siendo aliado de los bizantinos, era visto por todos sitiándolos;¿ qué podría haber más vergonzoso o más abominable que esto?
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Y vosotros, que incluso habiendo reprochado muchas cosas justas a aquellos por lo que habían actuado de mala fe contra vosotros en los tiempos anteriores, no solo no guardabais rencor ni abandonabais a los agraviados, sino que también aparecíais salvándolos, de lo cual obteníais gloria y benevolencia de todos. Y, ciertamente, que habéis coronado ya a muchos de los que participan en la política, todos lo saben; pero por quién otro la ciudad ha sido coronada, digo consejero y orador, además de por mí, nadie podría decirlo.
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Para demostrar, pues, que también las blasfemias que hizo contra los eubeos y los bizantinos, recordando si habían hecho algo difícil contra vosotros, son calumnias, no solo por ser falsas( pues creo que sabéis que esto es así), sino también porque, incluso si fueran verdaderas, es conveniente usar los hechos como yo los he usado, quiero repasar uno o dos de los bienes realizados por vosotros para la ciudad, y esto en pocas palabras; pues tanto un hombre en privado como una ciudad en común deben intentar siempre realizar el resto de las cosas conforme a lo mejor de lo que ya existe.
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Vosotros, pues, ciudadanos atenienses, cuando los lacedemonios mandaban en tierra y mar y ocupaban los alrededores del Ática con harmostas y guarniciones, Eubea, Tanagra, toda Beocia, Mégara, Egina, Ceos, las demás islas, no teniendo la ciudad entonces ni barcos ni murallas, salisteis a Haliarto y de nuevo no muchos días después a Corinto, teniendo los atenienses de entonces mucho que reprochar tanto a los corintios como a los tebanos por lo hecho durante la guerra de Decelia; pero no hacían esto, ni mucho menos.
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Y sin embargo, entonces ambas cosas, Esquines, ni las hacían por benefactores ni las veían sin peligro. Pero no por esto abandonaban a los que se refugiaban en ellos, sino que por la buena fama y el honor querían entregarse a los peligros, deliberando justa y hermosamente. Pues el fin de la vida para todos los hombres es la muerte, aunque uno se encierre en una casita y se guarde; pero los hombres buenos deben intentar siempre todas las cosas hermosas, proponiéndose la buena esperanza, y soportar lo que el dios dé con nobleza.
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Esto hacían vuestros antepasados, esto vosotros los mayores, que a los lacedemonios, no siendo amigos ni benefactores, sino habiendo agraviado mucho y gravemente a nuestra ciudad, cuando los tebanos, tras vencer en Leuctra, intentaban destruirlos, los impedisteis, no temiendo la fuerza y la gloria que entonces tenían los tebanos, ni considerando por qué clase de hombres arriesgaríais.
99
Y, ciertamente, mostrasteis a todos los griegos a partir de esto que, aunque alguien cometa cualquier falta contra vosotros, tenéis la ira para otras cosas, pero si un peligro los alcanza por la salvación o la libertad, ni guardaréis rencor ni lo tendréis en cuenta. Y no solo en estos casos habéis actuado así, sino que de nuevo, cuando los tebanos se apropiaban de Eubea, no lo pasasteis por alto, ni recordasteis lo que habíais sido agraviados por Temisón y Teodoro sobre Oropo, sino que ayudasteis también a estos, siendo los trierarcas voluntarios entonces los primeros para la ciudad, de los cuales uno era yo.
100
Pero aún no sobre esto. Y fue hermoso lo que hicisteis al salvar la isla, pero mucho más hermoso que esto, habiéndoos hecho dueños tanto de los cuerpos como de las ciudades, devolver esto justamente a los mismos que habían cometido faltas contra vosotros, sin tener en cuenta nada de lo que habíais sido agraviados en lo que se os confió. Por tanto, teniendo miles de otras cosas que decir, las omito, batallas navales, expediciones terrestres, campañas tanto antiguas como ahora en nuestros propios tiempos, que la ciudad ha realizado todas por la libertad y salvación de los demás griegos.